En la cara

Al igual que el árbitro se reía en la cara de Casillas el pasado miércoles antes sus protestas, así siento que los políticos como Camps, los que sientan a los azotes que hacen daño en el banquillo de los acusados (aplaudidos fuera de nuestras fronteras y que durante los años que investigó otro tipo de crímenes también por los políticos que hoy sientan ahí a este hombre) y al nuevo gobierno y sus portavoces autonómicos, así siento, como ciudadano, que se ríen de mí. Como la diputada que no contenta con percibir remuneraciones por 12 cargos públicos utiliza las tarjetas de la diputación para sesiones de belleza que no producen resultado alguno, al menos a la vista.

Es llamativo que todos se expongan a la opinión pública sin el más mínimo sonrojo. Y más llamativo aún, que la ciudadanía agache la cabeza y no alce la voz. Los movimientos que consiguieron mostrar el malestar general de una población harta -aunque visto lo visto igual no tanto- se diluyen entre los adoquines y la pereza de volverse a mover y remover los cimientos deja de nuevo en silencio las calles. Ahora, para todo, el cemento está seco y es más duro y difícil de quebrar.

Dice mi madre que sólo critico a una facción ideológica, pero con la otra siendo un intento de lo que puede ser -no por ello una solución- y centrada en solucionar y ordenar primero su organización, ésta, que gobierna absolutamente todo, tiende a ser más proclive a las malas acciones. Y sí, es más cobarde realizar la crítica por ser más sencillo lanzar las piedras, pero no por fácil debemos darle la espalda al problema.

Al final, todo esto deja un poso que remover: Peor que la crisis financiera y sus consecuencias económicas es la crisis moral.

Metro de Madrid

Hay una nueva campaña publicitaria en la Red de metro de la Comunidad de Madrid en la que se comparan los precios de los billetes sencillos con los de otras capitales europeas a modo de justificación por el importe que se abona ahora mismo por un trayecto sencillo y concienciación por un malestar general. Sé que no es nueva, pero ha sido últimamente cuando en los viajes he recapacitado sobre ella. Por eso desde aquí, y a modo de opinión personal, creo que habría que aclarar una serie de conceptos o percepciones.

El malestar con el billete sencillo o la subida en las tarifas viene desde el año 2011, coincidiendo con la visita del Papa. Durante este periodo se dieron una serie de factores que fueron los que molestaron a la ciudadanía.

El primero fue que era la segunda subida en el año, pese a la justificación donde decían que suponía la menor subida en años porque el precio del billete llevaba años congelado. Hay unas cosas que aclarar a la Presidenta de la Comunidad y su gabinete. Congelado o no, de un euro a un euro y medio hay 50 céntimos de diferencia -son matemáticas sencillas, incluso para una marquesa-. El precio que había estaba marcado y el nuevo se impuso, no hay suposición de lo que debería estar valiendo.

Por otro lado se argumentó que esta subida repercutiría en los turistas y "viajeros esporádicos" y no en los usuarios habituales, pretendiendo así "fomentar el transporte con regularidad". Acto seguido se dio via libre a la circulación sin billete y sin saciones a todo aquel que llevase la camiseta o acreditación de las juventudes cristianas. De aquí uno puede preguntarse dos cosas, ¿dónde puedo comprar una de dichas camiseta para no pagar mi abono? Y, ¿no sé supone que las religiones son algo privado y deben quedar en la intimidad de una casa y la práctica personal de cada individuo?

Tercero, en la campaña no se compara el precio respecto al salario mínimo o el salario medio de las capitales europeas. No hay que ver que sea más barato, hay que ver qué porcentaje supone un billete respecto a lo que cobra una persona. Hay que tratar las cifras como son. Esto demuestra que en los estudios no se pueden sacar los datos de contexto. Suerte que alguno ya introdujo los datos a mano mostrando la diferencia.

Por último, la gente ya había aceptado con resignación y pasado página. Entonces, ¿a qué viene el gasto y dispendio en una campaña sin un objetivo claro o con un objetivo perdido?

Aunque bien visto, qué se puede esperar de un consistorio que cree que el abono transportes es una invención de la oposición.